ASILOS

Cuando trabajaba en el asilo, me di cuenta de que allí moraba la muerte a la vuelta de cada esquina. Pero no porque esas personas fueran mayores, no por sus enfermedades o dolencias, no porque estuviesen abandonados y nadie viniese casi a visitarlos, no; sino porque aquellas personas vivían esperándola cada día, como si no tuviesen motivos ya para otra cosa.

Asilo

Aguardaban no a sus familiares, sino el abrazo de un desenlace final que los llevase para siempre.

Anteriormente había trabajado en guarderías y escuelas infantiles y allí se respiraba vida en cada rincón. Los niños están llenos de entusiasmo, fuerza vital, expectación por lo que les trae cada instante y deseo de aventura; lo que les hace seres frescos, naturales y llenos de vitalidad en todo momento.

Pero aquellos seres mayores habían “tirado la toalla”, se sentaban esperando la muerte cada día con total resignación, sin alegría alguna, sin fuerzas para seguir, sin curiosidad por nada ni deseo de viajar ya por la vida. Estaban secos, rígidos, enfadados y mustios en casi todos los momentos. Vivian con miedo en sus miradas, con una extraña contradicción entre desear y temer el fin.

Pero algunos eran excepciones, se escapaban como chiquillos y teníamos que salir a buscarlos y ¡que felices les encontrábamos en su Libertad! Solamente tomar el aire fresco, pasear, mirar el cielo, hablar con la gente y darse algún capricho, les hacía recobrar la ilusión por unos instantes.

Me di cuenta de que estar internado acelera la muerte, siempre que sientas aquello como una rutina, una obligación impuesta, un encierro y un lugar donde te aparcan para no molestar y retirarte de circulación.

Vivir así no parece tener sentido, es antinatural, pues vejez realmente es sinónimo de sabiduría, de autonomía, de crecimiento en su más alta forma; pero la sociedad actual no lo valora, lo aparca, como algo que ya no es productivo porque no considera el valor de Ser sino solo el de Hacer. Ha matado la esencia que vive en cada persona para prestar atención solo al envase.

Los que se escapaban lo sabían y con su ejemplo, por unos instantes, animaban a todas esas personas a recobrar su dignidad y su independencia para Ser ellos mismos.