CONVIVENCIA

En pareja, con amigos, en la familia, en la escuela o en el trabajo; convivir es una gran lección para todos, que no deja de enseñarnos y evaluar constantemente nuestros avances en paciencia, tolerancia, aceptación, comprensión, mansedumbre y otras tantas virtudes.

Convivencia1Cuantas personas se han visto superadas por la constante falta de respeto de los vecinos, que les cuelgan las sábanas por delante de su ventana, que andan con tacones a todas horas haciendo que retumbe el suelo, que ponen la lavadora en plena noche, que dejan que juegue el niño con la pelota o que ladre el perro sin atenderle.

Cuantas las que no soportan que el otro deje la taza del wc subida o bajada, que vaya dejando las cosas tiradas por toda la casa o bien que no le permitan tener su desorden, que ronque o que le desplace de su lado de la cama, que no le dejen ver el partido, traer los amigos a casa, dormir la siesta o chatear.

Cuantos que entran en discordia en empresas porque no se ponen de acuerdo para hacer algo, porque no soportan al otro simplemente por ser distinto, porque no hace las cosas a su modo, por competitividad o para quedar por encima.

Cuantos amigos conviviendo que se quitan la comida de la nevera, dejan que siempre sea el mismo el que va a la compra o hace las tareas que nadie quiere hacer, o que se enemistan porque siempre hay uno que se hace el despistado a la hora de pagar.

Ruido, dinero, ideas contrarias, diferencias, organización, falta de libertad, falta de responsabilidad o luchas de poder, son por lo general las causas que desencadenan los malentendidos en las convivencias.

Hace falta poner por ambas partes una gran disposición a respetar al otro, comprender las diferencias, ponerse en su lugar para tratar de entenderle y llegar a acuerdos en los que todas las partes queden de alguna manera satisfechas. Hay que actuar siempre con sentido común y con buena intención de colaborar para llegar a un pacto.

Pero para ello, hay que tener claro ciertas normas de convivencia, que son lógicas y que se resumen básicamente a no hacer al otro lo que no te gustaría que te hicieran a ti. A pensar, antes de actuar, lo que puede llegar a molestar y a exigir lo que es adecuado, siempre para un bien común.

Por ejemplo, si sabes que al vecino no le gusta la música que tú escuchas y que aunque le gustase, produce mucho ruido si la pones a todo volumen, buscarías unos auriculares para escucharla sin molestar a nadie.

Con personas desequilibradas psicológicamente (como personalidades perversas, tóxicas, manipuladoras por ejemplo) es realmente difícil convivir, por lo que hay que desarrollar habilidades concretas para hacerlo.

En general, hay que intentar buscar soluciones y no quedarse atrapado en las discusiones y las críticas hacia el otro.

Una buena convivencia es posible, si se decide actuar con bien para todos, con educación, respeto, empatía y armonía.