DEPRIMIDO

Cuando tengas algún amigo, familiar o conocido deprimido, debes saber que ese estado depresivo puede ser un proceso evolutivo que forma parte de las personas que están trasmutando, transformando su negatividad en una frecuencia mayor, más óptima. Eso significa que todos en algún momento pasan por él, en mayor o menor medida, aunque a veces pase desapercibido, por falta de auto-observación o de efectos incapacitantes.

Depresión

El proceso es devastador, en algunos casos muy largo y agotador, pero lo más difícil es que es poco entendido por otros y al no comprenderlo, y no aceptarlo, pueden rechazar a esa persona o tratar de animarle diciéndole cosas que más que ayudar le hacen sentirse peor.

Hay en general una falta de empatía hacia el deprimido, porque su propia vibración tan baja, molesta y distorsiona al que no la tiene en ese nivel. Es difícil permanecer junto a una persona con un comportamiento depresivo, pues nada le anima, nada le llena, nada tiene sentido y solo piensa en cosas negativas que le van hundiendo cada vez más.

Pero abandonarle no es la respuesta acertada, dejarle solo asumiendo un proceso tan difícil, es darle el mensaje de que no le importa a nadie, que no es amado o apreciado y que nadie va a cuidar de él hasta superar ese mal momento.

Cualquiera puede pasar por esto, cualquiera; mañana podrías ser tú y lo que más te gustaría es ser acompañado, cuidado, calmado y ayudado durante el tiempo en que tus fuerzas no te permiten hacerlo por ti mismo.

No hace falta entender lo que al otro le sucede para permanecer a su lado. Solo hay que estar ahí, darle la mano, tu presencia y escucharle. Si se hace muy insoportable lo que te comenta, entonces siempre con respeto, puedes intentarlo cuando tengas un momento más fuerte, capaz de escuchar las cosas que pueda decir o de aceptar su emoción de tristeza sin que te afecten y te arrastren a su negatividad.

Pequeños gestos amorosos pueden sanarle, sin necesidad de obligarle en que participe en algo que le sobrepasa. Pequeños quehaceres sencillos y alegres. La risa de un niño, la compañía de un perro, escuchar un instrumento, mirar un simple dibujo, pueden irle subiendo su vibración hasta hacerla más equilibrada. A veces no es cuestión de mucho tiempo, sino de que justo aquello que vibra con él le anime al vivirlo y sentirlo.

Hay que ir llenándole de emociones positivas, pero también permitirle sacar de dentro aquello que le hunde, que le destruye, que le agota, que le entristece, hasta que finalice su proceso evolutivo con un nuevo equilibrio.

Nunca entendemos al otro hasta que pasamos por lo que él ha pasado, pero siempre podemos acompañarle y hacerle ver que no está solo.