COMPLEJO ESPIRITUALIDAD

Ser espiritual es ser tú mismo, sencillo, natural, sin florituras, sin escaparates, sin máscaras, sin pretensiones. Pero se puede desarrollar una especie de “complejo de espiritualidad” con el que tratas de mostrar y demostrar lo que ya eres por naturaleza, pero que no contemplas porque tu complejo siente que no lo has alcanzado y que por tanto tienes que esforzarte en conseguirlo.

Vendedores oesteDe esta manera ser espiritual se convierte en un producto de mercado tratando de responder a la demanda, en un sinfín de “vendedores ambulantes” del oeste con el elixir celestial con el que hacerse de oro. La búsqueda del dorado continúa en nuestros días provocando deseos febriles.

Ser espiritual es cooperar pero se compite “a muerte”. Ser espiritual es ser consciente pero se actúa inconscientemente sin atender a los propios actos, pensamientos y sentimientos; es ir a las alturas de nuestro interior pero bajamos a las llanuras de lo exterior; se trata de lo que somos pero se confunde con lo que hacemos o tenemos.

Cuando descubrí este camino espiritual me di cuenta con asombro que ya lo era, porque vivía el momento, jugando, experimentando, mostrándome tal cual era, de forma sencilla, avanzando y aprendiendo. Pero entonces se me enseñó una espiritualidad que había que alcanzar, llena de rituales, trabajos, etiquetas y roles que parecía que solo era apta para unos pocos con mucho esfuerzo, dedicación y entrega o para los “iluminados”. Me lo pasaba bien aprendiendo pero siempre parecía que te faltaba algo que tenían los que te lo mostraban.

Nunca había estado en un sitio con tanta gente por metro cuadrado que quisiese sentirse tan importante y especial como dentro de lo que llamamos “grupos espirituales”.

La primera vez que acudí a un grupo de este tipo me pareció divertido, como un juego nuevo, algo diferente que experimentar, como cualquier cosa de la vida. Eso me hacía sentir bien, así que, cada vez quería disfrutarlo más, como todo lo que descubres.

A veces no podía acudir y pasaba tiempo sin ir. En una ocasión en las que regresé, todos tenían puestos nombres distintos y una persona que llevaba poco tiempo hizo resaltar que yo no tenía nombre nuevo, como si por no tenerlo ya no fuese tan especial como ellos. La siguiente vez que fui tenían todos ropajes de otro color y otra vez se me hacía sentir como el pato entre cisnes. Cada vez que regresaba era la misma historia: me faltaba algo para ser el personaje espiritual perfecto para ese grupo. Y esto me ha ocurrido en diferentes ámbitos y grupos espirituales. Hay una especie de competencia por ver quien es el más adaptado, dotado y evolucionado en lo que ellos estiman como criterio.

Cada vez que iba me encontraba con un nuevo cambio, una norma, un formato, que me excluía haciendo que siempre fuese imposible sentirse integrado. Presumían de “nombre psicodélico”, de ropaje con el último color de moda en los “almacenes espirituales”, de poseer los objetos “más especiales” para la realización de actos importantes para evolucionar, de tener el “verdadero Maestro” y de haber desarrollado los dones más increíbles de la faz de la tierra y parte del cielo.

En este “mercado espiritual” tenías que estar al tanto de los últimos avances y seguir la moda tratando de ser el más iluminado, el más “superfashion”, el que hacía algo extraordinario respecto a los demás: mejores canalizaciones, mejores instrumentos armónicos, mejores objetos de poder, mejores conferencias…Llegó un momento que me sentí como la “Barbie espirita” buscando al Ken con todos sus accesorios a cuestas.

Experimenté lo que yo llamo el “complejo de espiritualidad” donde existe un ansia por ser y mostrar lo que por tu naturaleza ya eres: espiritual.

Es como en cualquier complejo en el que te crees menos y para compensarlo sobreexpresas lo que crees que tienes que ser. Me creo estúpido luego voy de listo, me creo feo luego voy de rompecorazones, me creo demasiado humano luego voy de superespiritual.  Son distintos personajes movidos por los mismos mecanismos de carencia. Pero todo eso no eres tú.

Y la verdad, que respiro es volver a ser solo tú mismo, con tu humanidad y tu espiritualidad tal y como se muestren de forma natural.