INJURIAR

Llevaba mucho tiempo si ver a aquella amiga. Un día nos encontramos por la calle y tras hablarle como siempre, ella me miro como extrañada y a continuación me comentó que quería decirme que llevaba casi cuatro años sin hablarme porque un amigo común le había dicho que yo no quería ir a su casa.

INJEntonces la que me quedé perpleja fui yo, pues creía que no nos habíamos visto por situaciones de la vida y no por algo premeditado. Le respondí que por qué había preferido permanecer años enfadada conmigo, dando por ciertas las palabras del supuesto amigo, en lugar de llamarme y aclarar el asunto preguntándomelo directamente.

Sospecho que esto me ha podido pasar con otras personas a lo largo de mi vida y, de que en muchos casos, ni siquiera me he enterado de que están molestas conmigo por algo que ni siquiera dije o pensé. Esto mismo le pasa a muchos.

Por eso es importante que manejemos nuestras rabias internas, nuestras envidias, celos, desencuentros y  lo que sea que nos revuelve por dentro, con nosotros mismos, antes de volcarlos en los demás a través de gestos o palabras que injurian.

La injuria va muy unida a juzgar, pues antes de comprender una situación ya la etiquetamos, le damos un significado negativo.

Al menos hay que darle una oportunidad a la otra persona para que explique su visión de las cosas antes de perder una amistad, una relación de aprecio mutuo.

Somos personas más conscientes y amorosas como para ir provocando por ahí malentendidos que perjudican a otros o dando por “sentencia” palabras de terceros.

Aún se siente mejor aquel comportamiento donde, a pesar de que nos rechacen o hagan mal, nosotros respondamos con sentido común, donde permanezcamos siendo nosotros mismos a pesar de que nos juzguen y critiquen, sabiendo que la actitud del otro es solo su responsabilidad y no la de uno. Cada uno es responsable de sus actos, de sus palabras y de sus pensamientos.

Tras la injuria puede haber simplemente un problema de comunicación. Por eso es importante buscar una vía sana para expresar nuestras emociones. Guardarlas es sufrir y hacerlas que se enquisten. Comentarlas distorsionadas a terceros es añadir más sufrimiento para todos.