LA PALABRA

Hay que tener cuidado con lo que se dice y a quien, porque producirá un efecto en cadena que puede alcanzar no solo a la persona sobre la que se habla, sino también a otras personas y además prolongarse en el tiempo.

Cuidar la palabra

Por poner un ejemplo un poco infantil, hace años en una reunión se me acercó un hombre a comentarme algo. Me quedé helada con su insinuación pues vi claro que debía ser algún malentendido. Aquella reunión era de carácter espiritual y lo hizo justo antes de comenzar. A esto yo lo llamo “a Dios rogando y con el mazo dando”. Comenzó diciéndome: “ya me ha dicho tal persona que tú….” A lo que yo pensé sorprendida ¿que yo, qué? esperando que me explicase lo que le había dicho. Inmediatamente continuó con la proposición, por lo que ya me di cuenta de que tipo de “falso testimonio de mi” le había podido dar. Parece que mi modo de ser abierto, alegre, cercano y natural confundía a algunos hombres a pensar que eso era una invitación de carácter sexual.

Di gracias por no estar en la Edad Media ni en un país donde me lapidasen por ello. Podía seguir viva y además viviendo mi Verdad y no la de otros. Comprendí que por una tontería así, un delirio de otro, puedes estar siendo vista de cualquier manera.

Ante la ignorancia suelo no contestar, hablar de otra cosa y retirarme pacíficamente y así lo hice. Nunca comenté nada a la persona que había levantado ese falso testimonio, ni le di explicaciones al hombre de la proposición porque comprendí que ambos tenían conflictos sin resolver.

Con el pasar de los años me encontré que ya no eran dos personas las que me juzgaban, sino que ahora eran varias relacionadas con ese hombre que iba hablando de mí. Por fin, una pareja de amigos fueron honestos e íntegros y se atrevieron a comentarme lo que estaba ocurriendo para contrastarlo conmigo.

La palabra tiene una gran fuerza para influir positiva o negativamente. Una palabra falsa derivada de un enjuiciamiento o de un conflicto personal sin resolver, puede provocar malentendidos, cotilleos, odios e incluso llegar a arruinar la vida de una persona.

Tienes la capacidad de elegir que calidad de palabras deseas expresar como resultado de tus estados emocionales.

Si quieres, habla directamente con la persona, de forma clara, tranquila y simple diciéndole lo que sientes y pidiéndole que te diga su Verdad al respecto. Seguramente se te caerán muchas creencias al suelo que habían permanecido contigo solo por no atreverte a preguntar.