MALTRATO

Cuando vamos por la vida con pensamientos y un sentir de desmerecimiento, de miseria, de carencia, de miedo, de duda y desconcierto, solo más de lo mismo puede venir a nosotros.

M

Aquel día, subía los escalones de mi edificio hacia casa, pensando en qué sería de mí, tras la renuncia laboral que acababa de comunicar a mis superiores, cuando mis ojos se cruzaron con los suyos. Aquello fue un flechazo instantáneo, pues nuestras vibraciones energéticas debían estar emitiendo lo mismo: conflicto, rabia, injusticia, miedo, tristeza, fracaso, necesidad y huida. Pensaba tanto en las cosas que no quería, que me topé de frente con ellas en forma de nuevo amor.

Me invitó a salir, acepté y con ello le di un sí a convivir con mi espejo. A partir de entonces, tuve por compañero al mismísimo infierno que habitaba en mí. Su maltrato, era reflejo de mi propio maltrato y cuanta más atención le daba a sus actos, más protagonismo alcanzaba. Después de varios años era el rey del escenario y yo el apuntador, pues cuando se olvidaba de su papel se lo recordaba.

Convivir con el maltrato es una película de terror, en la que cuanto más sientes, más te involucras y alimentas las emociones para lo que fue creada. El miedo genera más miedo, hasta hacerse pánico y al final a lo que temes es al propio miedo.

Te conviertes en alguien tan sensible a cualquier signo de ataque, que ves enemigos en todas partes. La herida ya está en ti, por eso todo duele.

Pero si sanas, si nada puede tocarte, si cambias tu frecuencia vibracional, hacia un sentir que vaya progresivamente acercándose a sentirse mejor cada día, entonces llegará un momento en que, simplemente, o no te molestará su comportamiento o se irá de tu vida. Así me ocurrió a mi, al final no pudimos compartir el mismo espacio energético y  se marchó.

Sé que si ahora lo sufres, pensarás que lo que te digo es imposible, que esa pesadilla nunca acabará; pero es este pensamiento y sentir, el que precisamente hace que todo continúe igual y nunca despiertes, para darte cuenta de que, es posible volver a soñar un sueño en el que seas libre.

Merece la pena intentarlo, pues lo que te espera al otro lado, es la libertad de ser tu mismo sin miedo.