PEDOFILIA

“Con apenas 9 años era una niña bastante alta y desarrollada, mi apariencia era ya de adolescente. Un profesor se acercaba a mí con frecuencia y me ponía los brazos encima, se quería hacer fotos conmigo y con otras chicas como yo. Nunca sospeché que sentirme tan mal a su lado, tan inquieta, incluso temerosa era porque mi intuición me decía que algo no iba bien. Me sentaba delante en la clase, pero él me sentó atrás del todo argumentando que yo era torpe en matemáticas y que necesitaba ponerse detrás conmigo durante la clase para reforzar mi aprendizaje. Creo que lo que quería “reforzar” era otra cosa. Mientras este señor me causaba un trauma con los números y mi capacidad intelectual, él seguía tan tranquilo haciendo de las suyas” me dice una mujer ya adulta recordando un momento determinado en el colegio.

Pedofilia1La inocencia no te deja comprender muchas cosas cuando algo así sucede, pero tus sentimientos siempre te hacen sentirte mal, con incomodidad, como si te avisasen. Esto es precisamente lo que hay que enseñarles a los niños desde temprano, a que sigan su instinto, su intuición y su sentir ante cualquier persona o situación que les obligue a algo que no quieren hacer. A que lo cuenten todo, sea lo que sea, con confianza, a alguien que les escuche y crea. A que tengan información y recursos para defenderse. Si no hablan, a través de los dibujos o el juego se pueden saber muchas cosas de las que les suceden.

El silencio de los niños es una carta blanca para el abuso de muchas personas desequilibradas, que los llevan utilizando desde hace siglos. Alguien tiene que poner voz a estos niños a los que, por ser menores, les amenazan y nadie les da credibilidad. Y si bien es cierto, que también hay picaresca en algunos adolescentes que mienten y hacen falsas acusaciones para sacar algún beneficio o simplemente para burlarse, siempre hay que creerles de entrada y luego buscar más testimonios y pruebas que les avalen, pues de no hacerlo quedarán a merced de estos abusos impunemente.

La autoridad y el poder no son siempre sinónimo de integridad, equilibrio  y valores. Accede siempre a las escuelas de tus hijos con facilidad, descubre quienes son con quienes pasan tantas horas y también comienza por casa con primos, tíos, abuelos y allegados, que suelen ser los abusadores. No tengas ningún pudor en preguntar o en observarlos por la puerta de atrás.

Pero cuidado con caer en la desconfianza generalizada, en un estado paranoico con el tema, pues hay mucha gente simplemente cariñosa, afable, que simplemente les expresa un cariño natural y sano a los niños. Ante la duda, consulta siempre con un especialista.

En cuanto a los que sufren este desequilibrio, es importante que se hagan conscientes cuanto antes de que necesitan ser equilibrados, pues la adicción y la compulsión puede ir agravando cada vez más su estado. En ningún momento hay que ser testigo silencioso, no se debe permitir ni reforzar su conducta en su medio social por miedo o vergüenza a hacerlo público.