ROMPIENDO CREENCIAS

La mujer no ha nacido para sentirse obligada a tener y criar hijos, para obedecer a un hombre; tampoco para hacerlo obedecer, ni para imitarlo, para ser lapidada física o psicológicamente por expresar su libertad y derecho de Ser, para acatar los mandatos caprichosos o interesados de una familia, para cumplir el “sueño americano” (tener casa, marido, niños, mascota y electrodomésticos), para ser inferior, para callar, para ser débil, para soportar el abuso, para ser objeto, para ser faltada al respeto y la dignidad.

Mujer simbolo equilibrioLa mujer ha nacido para expresar su maravillosa naturaleza única y plasmarla en el mundo, para dar a Luz libremente por Amor, para realizar su misión de vida y aportar su don en la evolución planetaria, para perseguir sus sueños más elevados y disfrutar soñándolos, para sentirse igual, libre, capaz, única, especial y maravillosamente diferente.

La sociedad árabe la hace exclava y sometida, la china y japonesa productiva y sumisa, la africana trabajadora y paridora, la hindú obediente y doméstica, la americana comercial y competitiva, la europea masculina y normativa, la latina sexualizada y utilizada, la rusa afeminada y dura. Todas las sociedades quieren moldear a la mujer a su antojo, en lugar de dejarla Ser lo que es.

Cuando recobrará la mujer su dignidad, respeto y naturaleza propia es un enigma, pero ese día cambiará por completo el mundo. La propia mujer ha aceptado todos esos roles impuestos, por puro condicionamiento, a través de los siglos y alguna ni siquiera se pregunta qué pasaría si dejase de realizarlos por costumbre. Lo da por hecho, que tiene que ser lo que esperan de ella, en lugar de lo que siente que es de verdad.

Muchos problemas de la mujer provienen de no encajar con lo que se espera de ella, con lo que ella misma se exige, para amoldarse o adaptarse a un entorno que la demanda un rol determinado. Tras la autoobservación de sus patrones de conducta inconscientes y la reflexión interior sobre su propia vida, la mujer puede liberarse de la imagen que la apresaba pudiendo así expresar su naturaleza sin matices de sexo ni rol alguno.