SACAR LA BASURA DE LA MENTE

De la misma manera que todos los días sacamos la basura para que no nos “atufe”  en casa, hay que sacar los residuos de nuestra mente, esos que se han ido acumulando a lo largo de nuestra vida y que hemos ido dejando relegados al fondo de nuestra memoria.

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Si no lo hacemos algo siempre “olerá mal” en nosotros, porque hemos olvidado limpiar esas cosas que nos dolieron, nos hirieron, que rechazamos, que no quisimos ver, a las que no nos quisimos enfrentar o que simplemente no pudimos procesar y ser conscientes de ellas en su día.

Todo el mundo sigue adelante cargando con este fardo de basura a sus espaldas porque mientras se deja detrás y con la puerta cerrada ni se ve ni huele a pestilencia pero allí está reclamando ser liberado y tratado.

Estos aspectos van afectando a tu vida día a día pero lo hacen sigilosos desde su guarida. Todo está envuelto por su aroma influyendo en tus decisiones, tu perspectiva de las cosas, tus ideas, tus emociones y en todo tu ser. Además es un paquete regalo que se va pasando de generación en generación, como los muebles viejos de una casa heredada.

Las personas viven a través de sus traumas y ni se dan cuenta porque no son conscientes de ellos ni de que forman parte de su mirar y responder ante el mundo. Por eso es tan importante sacarlos a la luz, para poder darse cuenta y cambiar nuestro modo de actuación de piloto automático a manejo atento.

Y es mejor sacarlos no arrojándolos sin más en cualquier momento, de cualquier forma y en cualquier lugar, sino que, igual que con la basura de casa, hay que elegir el momento, un envase, un recipiente que esté preparado para recibirlo y donde sepan tratarlo adecuadamente.

Una vez que nos deshacemos de los residuos ya podemos tranquilamente vivir nuestro momento sin carga alguna, con un mayor espacio y “buenos olores”.